First Climbing Experience with the Belgian Team

Un bautismo de escalada es una actividad que siempre resulta divertida y emocionante. Los clientes no tienen ni idea de cómo van a reaccionar una vez se encuentren arañando al roca con sus manos y pies a 15 metros del suelo y esa tensión se respira en el ambiente durante las presentaciones y las explicaciones iniciales. Esos primeros minutos son muy interesantes, sobre todo cuando se trata de un grupo numeroso, ya que todo adquiere un cariz de cachondeo que, mezclado con el nerviosismo del personal, genera situaciones muy divertidas. Un michelín rebosando por encima del arnés o un casco de medio lado, puede ser la chispa perfecta para que estalle el cocktail.

bautismo escalada Guadalest

El pasado sábado estuvimos con un grupo de 7 personas, todos belgas, que estaba interesado en conocer la experiencia de escalar. José y yo les diseñamos un programa intenso que incluía escalada por la mañana, comida en el Refugio de Guadalest, baño en las piscina y de nuevo escalada por la tarde. Nada mas empezar con la escalada, descubrimos que todos eran familia y que tenían suficiente confianza para reírse abiertamente los unos de los otros. En lugar de ovaciones y palabras de ánimo, los que observaban al que estaba colgado de la cuerda, le dedicaban comentarios socarrones y algún consejo nutricional.

A medio días paramos para comer en el Refugio de Guadalest: gazpacho andaluz, tortilla de patata, acompañado de berenjenas con miel. Menú típico Cordobés que me hizo sentir que estaba de vuelta en la casa de mis padres. El Belgian Team no dejó ni el recuerdo de la comida sobre el plato y tras los cafés y algún chupito, se marchó a relajarse a la piscina municipal, situada a pocos metros del Refu.Bautismo Escalada Guadalest

 

A las 5 retomamos las labores escalatorias, esta vez bajo la sombra de Penya l’Hort. Lo normal en este tipo de actividades es que los clientes te pidan un descanso o como lo denominamos en un argot más técnico, “revienten”. Pero en este caso parecía que la cosa no tenía final. Aquellos tipos no paraban de reír, reclamando más y más vías. Me vino a la cabeza el recuerdo de Thomas, un Belga con el que trabajé en un barco de dragado y que era capaz de doblar varios turnos sin descansar, siempre que quedara cerveza en la nevera o fuera de la nevera. Recordé su vehemente cruzada en defensa del origen Belga de las patatas fritas y me asusté. Comprendí que nuestro Belgian Team no “reventaría” nunca mientras se estuvieran divirtiendo. Así que, por primera vez, tuve que ser yo quien pusiera los límites de la actividad aludiendo compromisos familiares y otras excusas. Antes de dar por finalizada la jornada, decidí hacer una pequeña Vía Ferrata esperando que sirviera de “puntilla” pero tuvo el efecto contrario, actuando como un revulsivo. – ¡Mas escalada! – gritaban algunos mientras chocaban sus cascos llenos de cerveza. Al final, aprovechando un despiste, logramos salir de allí escondiéndonos entre la maleza.

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